Maratón de Berlín

Fin de semana en Berlín, llego el viernes y me voy el lunes, y mientras estoy allí corro el 43rd BMW Berlin-Marathon, mi primer major. Inscrito a través de Holland Runner, uno de los tour-operadores que trabajan con este maratón, paquete a un precio de 560 € (incluida camiseta del maratón y tres noches de hotel). ¿Por qué un operador holandés? Es una larga historia que no voy a contar.

Mis objetivos para el maratón eran, aparte de pasármelo bien, mejorar mi tiempo de 3h12m en Roma (cosa que daba por sentado, habría quedado muy decepcionado de no haberlo conseguido, pero nunca se sabe: muchas cosas pueden salir mal en una carrera tan larga) y bajar de 3h05m (me veía con cierta confianza para conseguirlo) o romper la barrera de las 3 horas. De esto no iba muy seguro: el plan de entrenamiento de 3 horas que seguí era el más “sencillo” de los dos que tenía para alcanzar esa distancia y no lo había seguido demasiado bien. Me veía cogido con pinzas para hacer ese tiempo.

El sábado recojo mi dorsal y «camiseta finisher» (aclaración: no es una camiseta finisher, es una camiseta que pone «finisher» que compras y te llevas el día antes) en la feria del corredor. Enorme, como todo lo que rodea este maratón. Dato curioso: uno de los patrocinadores es una cervecera que promocionaba su sin alcohol. No había cerveza normal. Murcia Maratón 1 – Berlin Marathon 0. Dejo todo listo antes de acostarme y duermo bastante tranquilo.

Día M

Me visto. Desayuno. Voy al servicio hasta quedarme vacío. Cojo las cosas para después de la carrera. Sigo al grupo del viaje hasta la zona de salida en el Tiergarten, un parque de grande como dos veces el Retiro de Madrid. Me separo y me dirijo a mi guardarropa, pero aún queda casi dos horas hasta la salida. Hace frío. Pillo un cortavientos de promoción de Adidas, una bolsa grande de plástico grueso con agujeros para brazos y cabeza, y apuro el tiempo dejándome echar alguna foto por los voluntarios del maratón. Muchísimo ambiente, gente de todas las nacionalidades.

El cajón de 3h-3h15m es enorme. Solo ahí hay más gente que en la mayoría de carreras de la Región. Decido ir a por las 3h e intento posicionarme cerca del frente, pero hay tanta gente que es imposible.

Dan la salida y pasan casi dos minutos hasta que cruzo andando la línea del chip. No alcanzo a ver el globo de las 3 horas, pero sé que va por delante. Voy esquivando y adelantando gente poco a poco, y eso me lleva casi toda mi atención. ¡Hay muchísima gente! Van pasando los kilómetros casi sin darme cuenta, solo la niña del móvil me recuerda que estoy avanzando.

Mi objetivo es ponerme con el globo de las 3 horas, lo que no consigo hasta aproximadamente el kilómetro 10, corriendo a 4’11″/km y no al ritmo natural de 4’16” del maratón en 3 horas. Esto era necesario para salvar la diferencia entre el tiempo real (desde que cruzo la línea de chip) con el tiempo real del globo, más próximo al tiempo oficial. Solo por esa diferencia, con él globo entraría entre 2h58m y 2h59m, que es más rápido que mi más optimista previsión, pero consideré que ir acompañado con el globo me daría más ventaja que ir solo. Quizá me equivoqué. Si me fío de mi GPS, parece que iba más bien a 4’14”, y de los datos de la organización no puedo fiarme mucho pues bailan un poco.

Hay mucha gente intentando llevar este ritmo y es un poco agobio. La verdad es que todo es un agobio. La carrera está supermasificada. En los tramos rectos solo hay que ir pendiente de no pegarse mucho al de delante, y de no estorbar al corredor de detrás cuando maniobras para adelantar. Pero en las curvas hay que andarse con mucho ojo, es fácil acabar atrapado en el interior y tropezarse con otros. Por el kilómetro 7 tuve un «alcance» con el de delante en el que ya me vi diciendo adiós a una de mis uñas. Lo peor eran los avituallamientos que, aunque había muchos, eran un festival de empujones, codazos y tropiezos entre los que se cruzan para coger el vaso de agua, los que se paran a bebérselo y los que se cruzan para salir. En cada avituallamiento perdía el grupo y tenía que volverlo a recuperar.

Fui junto a los globos hasta el kilómetro 20 más o menos. Al pasar el arco del medio maratón ya me llevaban unos 100 metros que me parecían irrecuperables. La fatiga y los achaques se empezaban a acumular. Me notaba las piernas ya un poco cargadas. Los tobillos un poco débiles, un dedo del pié derecho iba criando ampolla, la cadera derecha me había estado molestando unos kilómetros, el cuádriceps derecho también había pasado por una etapa de ardor en el rato que había ido más rápido. Hasta ahora, todos viejos conocidos con los que sabía que podía cruzarme. No me preocupaban mucho pero me iban lastrando poco a poco, y ya no podía llevar el ritmo objetivo.

Por cierto, cruzo la línea del medio maratón en 1h28m50s, con lo que bajo mi mejor tiempo en medio maratón en un minuto. El medio es una distancia que tengo abandonada y que debería recuperar esta temporada.

Los últimos kilómetros se me van haciendo eternos. Voy tirando de cabeza y de cojones a partes iguales, pensando en toda la gente que me apoya desde Murcia, Catedral, Simplemente Runners, familia y otros amigos (y mi madre que se ha venido hasta Berlín también). Pienso no en lo que me queda, sino que me lo hago trocitos y me voy comiendo el maratón de 5 en 5 kilómetros. Parece una chorrada, pero es menos abrumador pensar en mantener el ritmo que llevas durante 5 kilómetros que durante los 17 que te quedan hasta terminar.

El muro o el tío del mazo o lo que sea me alcanza pasado el kilómetro 25. Ahí me da un capón, y empiezo a rodar a 4’22” o así. A partir de ahí empiezo a echar mano de las isotónicas cada vez que nos ofrecen, y los geles y sales que llevaba y otro gel que nos dan, gracias a otro patrocinador. Anécdota curiosa: hay un avituallamiento de Red Bull, pero nos lo dan mezclado con agua.

Y en el kilómetro 37 me hace una dura entrada por detrás. A partir de ahí el gemelo derecho (¿qué me pasa con la derecha? ¿será psicológico?) se me empieza a subir cada vez que intento ir un pelín más rápido y de vez en cuando para recordarme que no lo intente. Y ahí ya caigo a un ritmo de 4’35”. Intento mantenerlo, e incluso mejorarlo con el subidón de las últimas rectas pero tampoco me da el cuerpo mucho de sí ni quiero hacerme más daño corriendo con una pierna tiesa como un tronco, que es lo que sé que me va a pasar si me paso y se me vuelve a subir el gemelo. Pero con todo, entro contento y con los brazos en alto.

Al final, un tiempo de 3h01m43s, 1655 de la general y 372 de mi grupo de edad, de un total de 26807 y unos 4062 de mi categoría. De los españoles, 65 de 910 o así (Martín Fiz el segundo, M50 con 2h27m y el primero de todo el maratón en su categoría, madre mía). Me llevo una medalla, otra bolsa del corredor con algunas chucherías y el derecho a ponerme la camiseta finisher que compré.

Epílogo

Una carrera no acaba hasta hacer el informe de daños, autoevaluación y próximos objetivos.

Perderé dos o tres uñas, y la más grave no se debe tanto al maratón como a una patada que le di a un bordillo turisteando por Berlín. Crié una ampolla, y solo una, en un dedo, gracias quizá a la vaselina y a la crema reparadora que me iba poniendo en los pies de forma preventiva, y con buen resultado. En los (pocos) entrenamientos largos que he hecho, mis dedos sufrían más. Rozaduras en las ingles, no más graves gracias a la vaselina. Una rozadura en la cintura, a la altura de la columna vertebral, por una costura del pantalón; esto es nuevo. Y por supuesto piernas supercargadas. Todo lo demás bien, no parece que tenga otras secuelas más lesivas (y así sigue según pasan los días). Es más: una molestia que venía arrastrando en el gemelo izquierdo, que empezó hace dos semanas (el día de mi última salida de 18 km que se convirtieron en 25 con el calentamiento y escobear a los que salieron conmigo), que el día antes aún me amenazaba ominosamente, no hizo acto de presencia ni antes ni durante ni después de la carrera.

Por mi parte me encontré bastante bien. Aunque me queda el puntito de haber intentado pero no conseguido romper la barrera del 3, el resultado es bueno. Se puede decir que hubo más justicia que suerte, y no me quejo. Mi plan de entrenamiento lo cogí muy tarde cuando ya debería haber empezado las tiradas largas. Todo esto por problemas de motivación relacionados con otras circunstancias del viaje que me hicieron incluso plantearme no ir. Y de esas tiradas largas que ya tenía en la agenda, de las primeras hice solo la mitad, y en las que sí hice me iba parando cada tantos kilómetros para avituallar, mirar el móvil y tener la excusa para descansar un poco, y aún así y descontando el tiempo de las paradas me quedaba un poco corto en ritmo. Y tampoco hice otros ejercicios complementarios de fuerza, flexibilidad, core, fortalecimiento de tobillos, etc.

Si no salió mejor fue todo por eso. Aunque he hablado del jaleo de los avituallamientos, no puedo poner ahí dos minutos de culpa. Los avituallamientos por otro lado eran frecuentes y abundantes (cada 2,5 km agua para beber y meter la esponja que nos daban; cada 5 km salvo los primeros isotónica; en algunos avituallamientos sólidos también; en otro un gel de gratis y en otro un poco de RedBull; y yo llevaba también algo: una dosis de sales y otro gel). El circuito, ideal, muy animado, y llano llanísimo, no mentían. Solo recuerdo un par de veces la sensación de cuesta, en unos pequeños pasos por encima de ríos y canales. La temperatura muy buena: entre 15 y 20 °C, aunque pasé algo de calor en algunos momentos me reía de los lugareños que decían alarmados que iba a ser un día «muy caluroso». ¡Ay pobres, si supieran de dónde vengo! Mismo día y misma hora, 5 °C más y 20 % de humedad extra.

El equipo que llevaba era también el correcto. Las zapatillas, unas Brooks PureConnect 4 con unos 550 km, se portaron bastante bien, aunque necesitaré un reemplazo para la próxima carrera pues las han descatalogado. Calcetines finos. Entre los dos, y con la crema y la vaselina, terminé con solo una ampolla. Las mallas, de Asics, me rozaron un poco, pero puede que se deba a la esponja «oficial» que teníamos que cargar durante la carrera para refrescarnos, que llevaba sujeta en la cintura o espalda. La camiseta, sin ser de compresión es una de las pegaditas que tengo, creo que del Decathlon, no sé de qué temporada pero como mínimo es de 2010, y quizá de 2008 y corrí con ella el Maratón de Zaragoza. No gorra ni braga, solo las gafas de sol, a reemplazar también algún día. Y llevaba también a la niña en el móvil en la bicepera (que se empieza a descoser) cantándome kilómetros y ritmos un par de segundos más rápido que lo que iba «oficialmente». Me marcaba la carrera 42,49 km, 300 metros de más, error aceptable aunque molesto. Lo mismo me pasó en Roma e iba sobre aviso, pero tampoco me sirvió de mucho. Lo que sí falló estrepitosamente fue el smartwatch que me permite mirar ritmos y demás más cómodo, iniciar y parar el cronómetro y tomarme el pulso: en menos de 40 minutos le dio un yuyu y se apagó, y cuando me di cuenta no quise entretenerme a volverlo a poner.

Me siento con posibilidad de mejora, y teniendo tan cerca la barrera del 3 haré otro maratón. Ya estoy inscrito al Murcia Maratón, y no sé si haré un segundo maratón en 2017 o lo dejaré para 2018. Si pequeño o multitudinario lo decidiré más tarde, pero el agobio de estar en un pelotón no me agrada mucho. Por otro lado, el maratón, cualquier maratón, es un reto muy motivador, pero creo que me gustan más (y aún me favorecen) distancias más cortas. Quiero hacer una buena media a por marca, Torre-Pacheco o Cieza. Pero de momento, y ya tengo compromiso para el siguiente fin de semana, voy a terminar la Liga Running Challenge de Murcia, a ver si entre los 10 primeros.

Y termino dando las gracias a tod@s l@s compañer@s y amig@s que me han apoyado y felicitado por la carrera. ¡Así se corre a gusto!

Escrito y publicado el 29/09.
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